Pero la verdad asusta a quienes esconden la mano después de ordenar o apretar el gatillo, aterra a los fanáticos del rencor y a los apasionados por la violencia. Tenemos un Gobierno y una parte de la sociedad adictos a caminar en contravía de la lógica de la paz; de ahí los infundados y tiránicos ataques contra la magistrada Patricia y la JEP.  Patricia Linares ha demostrado que nada es imposible cuando se tiene valentía y convicción, y con medio país en contra echó a andar la columna vertebral del Acuerdo de Paz: un sistema nuevo, distinto a todo, modelo para el mundo en administración de justicia transicional y restaurativa. Durante estos tres años ella, los 38 magistrados, sus equipos y el grupo de análisis de la información le han endosado su vida, tranquilidad y sabiduría a la búsqueda de la verdad, a la dignificación y reparación de las víctimas, todo, por la construcción de la paz.

Más de 12.000 exguerrilleros de las Farc se han sometido a la JEP y se han acreditado 308.000 víctimas. Se están investigando cerca de 8.000 casos de reclutamiento infantil y de vinculación de niños y niñas a los oficios de este conflicto armado y degradado que nos fracturó la esperanza por más de 50 años. 108 audiencias y 736 comparecientes han repasado y descrito hechos desgarradores que nunca debieron suceder y que, si pretendemos ser un país con ética y empatía, deberían avergonzarnos y comprometernos total y colectivamente a la no repetición.

En la JEP la verdad, el dolor y la memoria han tenido la palabra. Han hablado las víctimas —epicentro del Acuerdo de Paz— y han declarado exguerrilleros y excomandantes de las Farc, agentes del Estado y de la Fuerza Pública. En la JEP ha hablado la verdad. Nos corresponde no tener los oídos anclados a la negación, al odio o a la conveniencia de turno.

No pueden decir que la JEP avanza lentamente, cuando la tuvieron nueve meses maniatada por embelecos perversos de este Gobierno, y a pesar de tantos sabotajes y difamaciones, ha adoptado 33.400 decisiones judiciales. Patricia Linares deja un legado que tenemos la obligación moral de honrar y agradecer. El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, la bancada de la paz condecoró en el Congreso a la expresidenta de la JEP. Probablemente quienes reprocharon este reconocimiento sufren de neuronas borrosas, conciencia atávica o de un macabro escepticismo. Por favor comprendan: después de ocho millones de víctimas y medio siglo de guerra, aprendimos a cargar los balígrafos de la paz con tinta indeleble.

Foto: El Espectador.com